Page 334 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Cada cual llevaba de su casa alguna cosa:
               unos  aceite;  otros  harina;  otros  carne,  etc.,  y
               reunido todo en una casa para ello preparada,
               las muchachas fueron poco a poco cocinando un
               gran banquete.


                     En esos días todo era cuestión de comer y
               bailar hasta la más avanzada hora de la noche,
               sobre todo en el último dia.

                     Las muchachas de catorce años para abajo
               tenían su fiesta en otra casa aparte.
                     Vinieron pues, varias de ellas a invitarme a
               organizar  con  ellas  la  fiesta.  No  quise  en  un

               principio.  Pero,  llevada  por  una  cobarde
               condescendencia, cedí a las peticiones de éstas,
               especialmente  de  una  hija  y  dos  hijos  de  un
               hombre de Casa Velha, José Carreira, que puso
               su casa a nuestra disposición.

                     Él  mismo,  junto  con  su  mujer,  insistieron

               para  que  fuese.  Transigí  y  allá  me  fui  con  un
               buen grupo a ver el local: una buena sala o casi
               un salón para los juegos y un buen patio para la
               comida.  Se  combinó  todo,  y  de ahí  me vine,
               exteriormente,  de  una  gran  fiesta,  pero  en  lo
               íntimo,  con  la  conciencia  dándome  gritos  de
               reprobación.

                     Al llegar junto a Francisco y Jacinta, les dije

               lo que había pasado.



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