Page 337 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 337

Francisco,  ¿por  qué  no  me  llamas  para
               rezar contigo y también a Jacinta?

                     Me gusta más –respondió– rezar solo, para
               así  poder  pensar  y  consolar  a  Nuestro  Señor,
               que está muy triste.


                     Un día le pregunté:

                     Francisco, a  ti,  ¿qué  te  gusta  más:
               consolar  a  Nuestro  Señor,  o  convertir  a  los
               pecadores  para  que  no  vayan  más  almas  al
               infierno?

                           Me  gusta  mucho  más  consolar  a
                     Nuestro  Señor.  ¿No  te  fijaste  como
                     Nuestra  Señora,  en  el  último  mes,  se
                     puso  tan  triste  cuando  dijo  que  no  se
                     ofendiese más a Dios Nuestro Señor, que
                     ya está muy ofendido? Yo deseo consolar
                     a  Nuestro  Señor,  y  después  convertir  a
                     los  pecadores  para  que  nunca  más  lo
                     vuelvan a ofender.

                     Cuando  íbamos  a  la  escuela,  a  veces,  al
               llegar a Fátima, me decía:

                           Ahora, tú vas a la escuela. Yo quedo
                     aquí  en  la  iglesia,  junto a  Jesús
                     escondido.  No  vale  la  pena  aprender  a
                     leer,  pues  dentro  de muy  poco  me
                     marcho  al  Cielo.  Cuando  regreséis,




                                                                              331
   332   333   334   335   336   337   338   339   340   341   342