Page 96 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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predilección especial  y me  buscaban  casi
               siempre para jugar. No les gustaba la compañía
               de otros niños, y me pedían que fuese con ellos
               junto a  un pozo que tenían mis  padres en el
               huerto.


                     Una vez allí Jacinta escogía los juegos con
               los  que  íbamos  a  entretenernos.  Los  juegos
               preferidos eran casi siempre, jugar a las chinas
               y  a  los  botones,  sentados  a  la sombra  de  un
               olivo y de dos ciruelos, sobre las losas. Debido
               a este juego, me vi  muchas  veces  en  grandes
               apuros,  porque,  cuando  nos  llamaban  para
               comer,  me  encontraba  sin  botones  en  el

               vestido; pues casi siempre ella me los había
               ganado  y  esto  era  sufi-  ciente  para  que  mi
               madre  me regañase.  Era preciso coserlos de
               prisa;  pero  ¿cómo  conseguir  que  ella  me  los
               devolviera,  si  además  de  enfadarse,  tenía
               también el defecto de ser agarrada?


                     Quería  guardar  los  botones  para  el  juego
               siguiente y así no tener que arrancar los suyos.
               Sólo amenazándola de que no volvería a jugar
               más, era como los conseguía.

                      Algunas veces no podía atender los deseos
               de mi amiguita.


                    Mis  hermanas  mayores  eran,  una  tejedora
                y la otra costurera; pasaban los días en casa,



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