Page 243 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Grave enfermedad de la madre de
Lucia
El Señor se complacía en verme sufrir, pues
me preparaba aún un cáliz mucho más amargo,
que dentro de poco me daría a beber:
Mi madre cayó gravemente enferma, hasta
tal punto que un día la creíamos agonizante.
Fuimos, entonces, todos sus hijos junto a su
cama, para recibir su última bendición y besarle
su mano moribunda.
Por ser la más joven fui la última. Mi pobre
madre, al verme, se reanimó un poco, me echó
los brazos al cuello y, suspirando, exclamó:
«¡Mi pobre hija!, ¿qué será de ti sin madre?
Muero con el corazón atravesado por ti.»
Y, prorrumpiendo en amargos sollozos, me
apretaba cada vez más a su pecho. Mi hermana
mayor me arrancó de sus brazos a la fuerza; y,
llevándome a la cocina, me prohibió volver más
al cuarto de la enferma; y concluyó diciendo.
– Madre muere amargada con los disgustos
que tú le has dado. Me arrodillé, incliné la
cabeza sobre un banco y con una profunda
amargura, como nunca había experimentado,
ofrecí a nuestro buen Dios este sacrificio.
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