Page 240 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Las mujeres huyeron, cada una por su lado,
                y en  un momento  me  encontré  sola  en  la
                presencia  de  los  jinetes.  Me  preguntaron
                entonces  mi  nombre,  a  lo  que  respondí  sin

                tardar.

                    Entonces  me  preguntaron  si yo  era  la  tal
                vidente. Respondí que sí. Me dieron entonces
                la orden de ponerme en medio  del camino y

                de caminar en medio de los dos  caballos,
                indicándome el camino a Fátima.

                    Al  aproximarme  a  la  laguna,  de  la  que  ya

                hablé,  una  pobre  mujer  que  allí  vivía,  de  la
                que  hace  poco  también  hablé,  al  verme  a
                alguna distancia, así entre los caballos, salió al
                medio  del camino  y,  como  si  fuera  otra
                Verónica, procuró inculcarme coraje.


                    Los  soldados  la  obligaron  a  retirarse  sin
                pérdida  de  tiempo  y  la  pobre  mujer  quedó
                deshecha en llanto, lamentando mi desgracia.

                Algunos  pasos  más  adelante,  me  mandaron
                parar  y  me  preguntaron  si  aquella  mujer  era
                mi madre. Respondí que no. Ellos no lo
                creyeron y preguntaron si aquella casa no era
                la mía. De  nuevo, les dije que no. Ellos

                entonces,  que parecía que no me  creían,  me
                mandaron seguir un poco más adelante, hasta
                la casa de mis padres.



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