Page 236 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 236
Francisco y yo, enseguida, corrimos cada uno
a nuestro cuarto a escondernos debajo de las
camas.
Entonces Jacinta dijo:
Yo no me escondo; voy a ofrecer a Dios
este sacrificio.
Y aquellas personas se aproximaron,
hablaron con ella, esperaron mucho tiempo
mientras me buscaban y, por fin, se
marcharon. Salí entonces de mi escondrijo y le
pregunté:
¡Qué respondiste cuando te preguntaron si
sabías dónde estábamos?
No respondí nada; bajé la cabeza y los ojos
hacia el suelo y no dije nada. Hago siempre así
cuando no quiero decir la verdad. Y mentir
tampoco quiero, porque es pecado.
En verdad, ella tenía mucho la costumbre
de proceder así, y era inútil cansarse de hacer
preguntas, que no obtenían ni la mínima
respuesta. Sacrificios de esta clase, de
ordinario, si nosotros podíamos escapar, no
estábamos dipuestos a ofrecerlos.
230

