Page 234 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Comunión en el sufrimiento

                    Jacinta y Francisco pocas veces tomaban

                parte en estos mimos que  el Cielo nos
                enviaba, porque sus padres no consentían que
                nadie les tocase. Pero sufrían al verme sufrir, y
                no pocas veces las lágrimas les corrían por la

                cara al verme afligida y mortificada.

                    Un día Jacinta me decía:

                    Ojalá  mis  padre  fueran  como  los  tuyos,

                para  que  esta  gente  también me  pudiera
                pegar, porque así tendría más sacrificios que
                ofrecer a Nuestro Señor.


                    No obstante, ella sabía aprovechar bien las
                ocasiones  de  mortificarse.  También  teníamos
                por  costumbre,  de  vez  en  cuando,  ofrecer a
                Dios  el  sacrificio  de  pasar  un  novenario  o  un
                mes sin beber. Una vez hicimos este sacrificio
                en pleno mes de agosto, en el que el calor era

                sofocante.

                    Volvíamos un día, después de rezar nuestro
                Rosario,  de  Cova  de  Iría,  y  al  llegar  junto  a

                una laguna que queda al lado del camino, me
                dijo Jacinta

                    ¡Oye: tengo tanta sed y me duele tanto la




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