Page 237 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 237
Otro día, estábamos sentados a unos pasos
de su casa, a la sombra de dos higueras que
hay sobre el camino. Francisco se apartó un
poco, jugando. Notando que se aproximaban
varias señoras, corre a darnos la noticia.
Como en aquel tiempo se usaban unos
sombreros con unas alas casi del tamaño de
una criba, pensamos que con semejantes
cartapacios no nos verían; y, sin más, subimos
a la higuera. Después que las señoras
pasaron, descendimos apresuradamente y, en
precipitada fuga, fuimos a escondernos en un
campo de maíz.
Esta manera nuestra de escaparnos
siempre que podíamos, constituía también un
motivo de queja del Sr. Cura; y en especial su
Rvcia., se quejaba de que nos escapábamos
de los sacerdotes. Era cierto y su Rvcia., tenía
razón.
Pero era porque también los sacerdotes nos
interrogaban, nos reinterrogaban y nos
volvían a interrogar. Cuando nos veíamos en
la presencia de un sacerdote, ya nos
disponíamos a ofrecer a Dios uno de nuestros
mayores sacrificios.
Prohibición de la peregrinación
Entretanto, el Gobierno no se conformaba
231

