Page 233 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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estos consejos, recé la penitencia y me escapé
de la iglesia con miedo de que alguien me
llamara.
Al día siguiente, fui allí con mi vestido
blanco, recelando aún de que la Comunión me
fuese negada. Pero su Rvcia., se contentó, por
entonces, con hacerme saber, al fin de la
fiesta, que no le había pasado desapercibida
mi falta de obediencia en irme a confesar con
otro sacerdote.
El buen Párroco continuó mostrándose cada
vez más descontento y confuso con relación a
los hechos; y, un buen día, dejó la parroquia.
Se extendió, entonces, la noticia de que su
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Rvcia., se había ido por mi culpa , por no
haber querido asumir la responsabilidad de los
hechos.
Como era un párroco celoso y querido por
el pueblo, no me faltaron, por ello, motivos
para sufrir. Algunas piadosas mujeres, cuando
me encontraban, desahogaban su disgusto,
dirigiéndome insultos, y, a veces, me despe-
dían con un par de bofetadas o puntapiés.
66 Ciertamente esa no fue la razón de su salida. La
dificultad que el Párroco tenía con sus feligreses, en la
construcción de la iglesia, habría sido la verdadera
causa.
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