Page 244 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Pocos       momentos           después,         mis      dos
               hermanas  mayores,  viendo  el  caso  perdido,
               vuelven junto a mí y me dicen:

                     –  Lucía,  si  es  cierto  que  viste  a  Nuestra
               Señora,  vete  ahora  a  Cova  de  Iría.  Pídele  que

               cure a nuestra madre. Prométele lo  que
               quieras,        que      lo    haremos;          y     entonces,
               creeremos.

                     Sin  detenerme  un  momento,  me  puse  en
               camino. Para no ser vista, me fui por un atajo
               que hay entre los campos, rezando hasta allí el
               Rosario. Hice a la Santísima Virgen mi petición;

               desahogué  allí  mi  dolor,  derramando  copiosas
               lágrimas,  y  volví  a  casa,  confortada  con  la
               esperanza  de  que  mi  querida  Madre  del  Cielo
               me daría la salud de la madre de la tierra.

                     Al  entrar  en  casa,  mi  madre  ya  sentía
               alguna mejoría; y, pasados tres días, ya podía

               desempeñar sus trabajos domésticos.

                     Yo había prometido a la Santísima Virgen, si
               Ella  me  concedía  lo  que  yo  le  pedía,  ir  allá,
               durante nueve días seguidos hasta los pies de la
               encina; y el último día llevar nueve niños pobres
               y darles al fin una comida.

                     Fuimos,  pues,  a  cumplir  mi  promesa,

               acompañadas de mi madre, que decía:



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