Page 343 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Florecillas de Fátima


                    Los pajarillos le gustaban mucho; no podía
               ver  que  les  robasen  los  nidos.  Hacía  migas
               siempre con una parte del pan que llevaba de
               merienda  en  lo  alto  de  las  piedras,  para  que
               ellos se lo comiesen;  y  apartándose,  los

               llamaba, como si lo entendiesen; no quería que
               nadie se acercase para no meterles miedo.

                    ¡Pobrecitos!,  están  muertos  de  hambre  –

                decía  hablando  con  ellos–,  ¡venid  a  comer,
                venid a comer!

                    Y  ellos,  con  el  ojo  vivo  que  tienen,  no  se
                hacían de rogar e iban  en grandes bandadas.
                El se alegraba mucho al verlos volar a lo alto

                de los árboles con el buche lleno, a cantar sus
                alegres  trinos,  los  imitaba  con  arte  haciendo
                coro con ellos.


                    Cierto  día  encontramos  a  un  pequeño  que
                traía en su  mano  un  pajarito  que  había
                cazado.  Lleno  de  pena  Francisco  le  prometió
                dos monedas si lo dejaba volar. El niño aceptó
                el trato, pero antes quería ver el dinero en la

                mano. Francisco volvió entonces a casa, desde
                la  Lagoa  da  Carreira,  que  está  un  poco  más
                abajo  de  Cova de  Iría,  a  buscar  las  dos
                monedas  para  dar  la  liberdad  al  prisionero.



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