Page 347 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 347
que vuelvo a los tiempos alegres cuando
estábamos en la sierra, entre el suave trinar
de los pájaros. Pido perdón. Anoto aquí todo
lo que voy recordando al igual que un
cangrejo que anda para atrás y para adelante,
sin preocuparse de la meta que tiene que
alcanzar. El trabajo lo dejo al Señor Dr.
Galamba, si acaso quiere aprovechar algo de
aquí. Supongo que poco o nada será.
Vuelvo, pues, a su enfermedad. Pero aún
pongo otra cosa de su breve tiempo escolar:
Cierto día salía de casa y me encontré con
mi hermana Teresa, casada desde hacía poco
tiempo en Lomba. Venía a petición de otra
mujer de un lugarejo vecino, a quien habían
cogido preso un hijo, acusándole, no sé de qué
crimen, por el cual, si no se justificaba que era
inocente, sería condenado al destierro, o al
menos a un número considerable de años de
encarcelamiento. Ella me pedía con
insistencia, en nombre de la pobre mujer, a
quien ella deseaba complacer, que le
alcanzase esta gracia de Nuestra Señora.
Recibido el recado, me marché a la escuela;
y por el camino conté a mis primos lo que
pasaba.
341

