Page 179 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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continúa hasta confundirse con estos pequeños
               lugares. Allí pasamos el día, a pesar de que la
               lluvia  había  cesado  y  el  sol  había  aparecido,
               hermoso  y  claro.  Comimos  nuestra  merienda,
               rezamos  nuestro  Rosario,  y  no  recuerdo  si  no
               fue uno de aquellos Rosarios que solíamos rezar,

               cuando teníamos ganas de jugar, como ya dije a
               V. Excia. Rvma., pasando las cuentas y diciendo
               solamente  las  palabras:  Padre  nuestro  y  Ave
               María.  Terminado nuestro rezo, comenzamos a
               jugar a las chinas.

                     Hacía poco tiempo que jugábamos, cuando
               un  viento  fuerte sacudió los árboles y nos hizo

               levantar la vista para ver lo que pasaba, pues el
               día  estaba  sereno.  Vemos,  entonces,  que,
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               desde  el  olivar   se  dirige  hacia  nosotros  la
               figura de la que ya hablé.

                     Jacinta y Francisco aún no la habían visto,
               ni yo les había hablado de ella.


                     A  medida  que  se  aproximaba,  ibamos
               divisando sus facciones: un joven de unos 14 ó
               15 años, más blanco que la nieve, el sol lo hacía
               transparente, como si fuera de cristal, y de una
               gran belleza. Al llegar junto a nosotros, dijo:


                     ¡No temáis!  Soy el Angel  de  la  Paz.  Rezad


               49  Fue la primera aparición del Angel.


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