Page 188 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Por fin, se consultó a un cirujano que tenía
su consulta en S. Mamede, que declaró que mi
madre tenía una lesión cardíaca, un hueso de
las vértebras dislocado y los riñones caídos. La
sometió a un riguroso tratamiento de puntas de
fuego, y varios medicamentos, con los que
obtuvo alguna mejoría.
Este era el estado en que nos
encontrábamos, cuando llegó el día 13 de mayo
de 1917. Por este tiempo, a mi hermano le
había llegado la edad de asentar plaza en la
vida militar; y como gozaba de perfecta salud
era de esperar que fuese reclutado. Además, se
estaba en guerra y era difícil conseguir librarlo.
Con el temor de quedar sin alguien que
cuidase las tierras, mi madre mandó venir
también a casa a mi hermana Carolina.
Entretanto, el padrino de mi hermano
prometió librarlo. Lo recomendó al médico de la
inspección, y nuestro buen Dios se dignó, por
entonces, dar a nuestra madre este alivio.
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