Page 200 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Incredulidad de la madre de Lucía

                     Gracias a nuestro buen Dios, en esta
               aparición se  desvanecieron  las  nubes  de  mi
               alma  y  recupere  la  paz.  Mi  pobre  madre  se
               afligía cada vez más, al ver la gran cantidad de

               gentes que allí venían de todas las partes:

                     «Esta  pobre  gente  –decía  ella–  viene,  con
               certeza,  enganãda por  vuestros  embustes;  y
               realmente no sé qué hacer para desengañarla.»

                      Un pobre  hombre que se  jactaba de
               hacernos  burla,  de  insultamos  y  de  llegar,  a

               veces, a ponernos las manos encima, un día le
               preguntó:

                     «Entonces  tú,  María  Rosa,  ¿qué  me  dices
               de las visiones de tu hija?»

                     No lo sé –le respondió–, me parece que no

               deja  de  ser  una  embustera  que  trae  a  medio
               mundo engañado.

                     «No  digas  eso  muy  alto,  porque  alguien
               sería capaz de matarla. Me parece que por ahí
               hay alguien que no la quiere bien.»

                     ¡Ah! ¡No me importa!, con  tal que la
               obliguen  a  confesar  la  verdad.  Yo  he  de  decir

               siempre  la  verdad,  sea  contra  mis  hijos  o



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