Page 197 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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dormir más, pues quedé tullida de miedo. Este
sueño dejó en mi espíritu una nube de
verdadero miedo y aflicción. Mi único alivio era
verme sola, en algún rincón solitario, para llorar
allí libremente.
Comencé a sentir aborrecimento hasta de la
compañía de mis primos; por eso, comencé a
esconderme también de ellos. ¡Pobres criaturas!
a veces andaban buscándome, llamándome por
mi nombre, y yo cerca de ellos sin
responderles, oculta, a veces, en algún rincón
hacia donde ellos no atinaban a mirar.
Se aproximaba el día 13 de julio y yo
dudaba si iría allá. Pensaba: si es el demonio,
¿para qué he de ir a verlo? Si me preguntan por
qué no voy, digo que tengo miedo que sea el
demonio el que se nos aparece y que por eso no
voy. Jacinta y Francisco que hagan lo que
quieran; yo no vuelvo más a Cova de Iría. La
resolución estaba tomada, y yo, decidida a
ponerla en práctica.
El día 12 por la tarde, comenzó a juntarse
la gente que venía a asistir a los
acontecimientos del día siguiente. Llamé,
entonces, a Jacinta y Francisco y los informé de
mi resolución. Ellos respondieron:
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